jueves 3 de diciembre de 2009

Algo muy extraño pero respetable

Todos deberían de derretirse ante su amarga miel, bajo la grande luna que se muestra con total desnudez. Sí, hacerle una reverencia, decirle todo el tiempo "gracias" y besarle los pies. Pero, cierto día de plena necesidad en la que no había nada que satisficiera, después de muchas vueltas, encontré al fin su cabeza en el inodoro. No sabía si hacerle una modesta reverencia, taparle la cara con un pañuelo blanco, todo, menos espantarme. Me quedé contemplándole, seguía siendo igual. Me sentí irrespetuosa, pero es que la necesidad... Tomé asiento a su lado, cuando me levanté ya no había nada. Aun así insisto en que cada vez que pase todos deberían de derretirse ante su amarga miel y no hacer preguntas al respecto de su existencia.
Más tarde escuché esto (mientras el sujeto que estará en nombre caminaba junto a su acompañante): "¡Es como si la hamburguesa me hablara...! Que el espíritu de la vaca me estuviese acosando mientras yacía despedazada entre las llamas, acostada sobre el sartén, paseando de un lado a otro a lo largo de la cocina..."
No obstante, ello no le gana a la idea que me he hecho sobre aquél a quien nadie debería dejar pasar de lado sin erguir la mirada, bajo la grande luna que se muestra con total desnudez en una de sus mejores épocas, y cuya cabeza he encontrado en el inodoro, que era de plata y agua de rocío con miel. Es extraño y para algunos desconocido; es que yo lo inventé, cuando creí haber visto una cara que en realidad nunca vi.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Encuentro de las voces

De pronto me encontré hablando con aquella voz sin género, sin un cronotopo fijo, motivo o extraña circunstancia. La voz me invitó a conversar con ella. Palabras, dichas por cada cual, brotaban sin ningún significado, carecían de profundidad. El hecho era que nos hacíamos existencia, en un lugar de nadie ni nada. Quizá yo sólo sea una voz enmarcada, quizá aquella voz también lo haya sido. Lo estético de nuestra apariencia o tono simplemente desparecía en el momento atenuante que, aun siendo las voces desconocidas, éramos como una especie de amantes transmutados: nada, algo, algo, nada. Y así todo parecía perfecto. Ya no queda recuerdo de aquel instante, el cual tal vez empezaría con un: ¿Recuerdas...? O un nefasto silencio que todo lo quebrante cuando se decida a gritar, querer mantener mis voces lejos, donde los diversos sentimientos hablan disfrazados de algo invisible. Posiblemente eso fue lo que terminó la conversación, yo sólo ahora recuerdo que de pronto me encontré hablando con aquella voz sin género, mientras siento la mudez reprimida de mis voces.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Razón de nada

No hay necesidad de esconderse ni de ser escondidos. Los momentos que nunca vienen y que súbitamente aparecen se quedan ahí como la sombra del ayer. No hay excusa de ser, ni hay motivos para siquiera intentarlo. ¿Quién, realmente, tiene una manera de permanecer siempre incauto o extrovertido, de cualquier manera que lo defina como un ser? La persona que permanece a mi lado grita y se levanta desconcertado, mientras los demás le observan con escondida extrañeza que más bien pareciera una risa ahogada. Yo, mientras tanto, me pregunto cosas que no van al punto en un punto que se supone debería de corresponder al ritmo de los puntos acumulados en un mismo lugar a punto de colapsar unos con los otros. Callo, podría estar gritando también.
Que no hay ninguna necesidad, nada, puesto que todo es rutinario y pasajero, ¿para qué servirnos de la idea, irnos a esconder? Que la sombra del pasado se nos caiga encima y nos metamorfoseemos en él mientras untamos los pies en desgracias ajenas y oportunidades desperdiciadas, cuando las manos rotas se asemejan al ritmo de todo y de nada. La persona que hacía un momento permanecía a mi lado seguramente estará haciendo esto, recordando la causa desconocida que provocó sus gritos y ademanes desconcertados, pisoteando el infortunio de otros que siguen en lo suyo mientras él sin darse cuenta se siente revelado. ¿De qué nos sirven tantas cosas, si no habremos de sensibilizarnos siquiera por nosotros?

jueves 5 de noviembre de 2009

Otro no sé qué...

La primera noche me preguntó: ¿Les quedó bien los vestiditos a los pescados? Y claro que la miré extrañada, creí que ahora sí estaría delirando, cuando le respondí: "Sí..." Sin pensar realmente en serio la respuesta. Sólo quería llegar a acomodarme a su lado para compartir la imagen de los diversos vestidos flotantes, y temo que me la pasé riéndome durante toda la noche en la oscuridad solitaria de mis sueños olvidados...
La segunda noche me preguntó: ¿Trajiste contigo a los hombres de cartón? Y claro que la miré aun más extrañada, ya no podía creer ninguna otra cosa más, cuando le respondí: "¿De qué estás hablando, qué sueñas?" Pensando ahora sí en dicha respuesta, ya que me pareció interesante ello. Sólo que luego no pude comprender cómo es que no puse tanta atención a pescados con vestidos... (¡blasfema!) Y temo que luego pensé en alguna auto crítica más razonable para ofrecerme y quizá ofrecerle a los demás...
La segunda noche no terminó ahí, pues cuando hubo de darme respuesta, contestó: Qué bueno no los trajiste, porque luego quieren sacarme de la cama. Ante esto, no pude contener la maldad que me caracteriza en estos casos (que ya habían acontecido otros, pero no los recuerdo, sólo un golpe en mi estómago al grado de quitarme el aire y un "traéle la bolsa a la bebé porque ya se va..." hoy todos la extrañan) pues le inquirí: "¿Sabes qué...? Sí los traje". ¡Pero cómo, si yo llegué primero! ¡No me importa que tengan frío, a mí no me sacarán! (Silencio) ¿Cuantos son? "Cinco" ¡Pues sácalos, o los saco yo! Amenaza con voz de ensueño. No le hice caso. Entonces, en el momento menos esperado, al sentir un bulto próximo a ella, transcurrida una hora o media, sin movimiento, pero extrañamente pesado (tal vez los cinco se encontraban amontonados o acurrucados entre sí) ésta se dispone a cumplir venganza: la ahora hermafrodita con un sexo multiplicado al cinco y el otro enteramente ignorado, pasó a dormir la noche en donde sólo los cartones son bien aceptados sin importar estado u otros detalles, cubriendo el cuerpo de otros tantos que soñaban tener encima a cinco hombres de cartón, sin la intención de robarles territorio en el angosto callejón. Pronto descubrí la vocación de ser uno de ellos.

lunes 2 de noviembre de 2009

No, sigue sin fin alguno

Terminó el maldito mes en el cual sólo escribí qué tan deprimente era todo y qué tan imbécil/depresiva soy... En fin, eso no terminará de ser cierto, pero espero escribir ya cosas cuan lo menos poco distintas (eso es raro de escribir).
No sólo terminó el mes, también he acabado de revisar el maldito libro de la Sra. P (sí, por un tiempo que creí indefinido ya no quise escuchar más la palabra "mágico" ni nada relacionado con la magia involucrada con el conocimiento) pero hoy puedo aguardar a que algún suceso (más extraordinario que mágico) suceda para mi bien y el bien común de los todos que me rodean.
Igualmente ya terminará un ciclo (pequeño) más de la carrera... Admito que mis fuerzas ya no tienen superpoderes de aguantar tanta carrilla: me siento mal si no bostezo bien o determinadas veces al día, así como el quedarme estampada sobre el teclado al momento de decidir hacer las tareas. Sí... por qué no... Tener un hambre de perro por determinada paga que no rinde sino para deudas y ya no más, como el salir casi corriendo de la última clase para ya no parpadear. Eso sí: espero que para el próximo curso regresen a mí los superpoderes....
Último: simplemente no le he podido encontrar el significado a los días festivos... Salgo de trabajar más tarde, sin comer, y sin paga doble.

miércoles 28 de octubre de 2009

El lado perverso de lo imbécil...

Creer que de verdad un "algo" existe. Sí, ese algo que todos buscan y que luego osan decir "oh, yo lo he encontrado siguiendo mis instintos (o por todo lo que sé y he aprendido) y por supuesto que soy bien feliz" cuando, en primera: que me explique realmente en qué consiste su maravilloso "algo" y que por favor me lo crea. Segunda: (¿De verdad has aprendido algo?) ¡Ya con eso te habrás sustituido la lotería...! ¿Qué necesidad habrá de esperar a que caiga dinero mágicamente si la magia la tienes en la cabeza? Y mejor aun: ¡en la apropiada decisión de tus acciones! Tercera (y espero última): no, que por favor me terminen de explicar mis dos preguntas anteriores...
Ahora bien: el insulto no va para nadie, esto sólo es cosa de la cual me puse a reflexionar en algún momento, sobre: "¿qué será lo que la gente estaría diciendo en un futuro, acorde con lo que ya está diciendo desde ahora?" Como algo optimista quise pensar en florecitas, pero luego tomé conciencia de que éstas no hablan y no se dedican a otra cosa más que ser bonitas y a hacer a algunos felices con su sentencia a muerte declarada y quizá conservada en algún montoncito de recuerdos diminutos e igual de curiosos y otros atroces... (luego pensé: "malditas" y claro que me arrepentí más tarde). Pero, ya me salí del tema, y como todo esto trata de lo imbécil, ¿pues qué más da?
Y sí, ¿qué es lo que queremos decir de verdad en esos instantes tan arrebatados del raciocinio? (Hago una breve reflexión, y continúo): Me he dado cuenta de que al menos la gente piensa en cosas mejores (alguna) y no se arrepienten (aparentemente) de ello, sino que más bien hasta lo exponen y te lo dan de muestra como "enseñanza" no que te pongas a escribir bien rifadora sobre "cómo puede llegar a ser la gente..." cuando lo único que he sacado de esto es: el haber aprendido y dado cuenta de "algo", y es: termino siendo una imbécil. Creo que no ha sido buena decisión, pero de exponerlo no me avergüenzo, y por la "enseñanza" no se preocupen, no se las quedaré a deber: pensar cosas mejores y argumentarlas bien... O mejor aun: ¡ni para qué pensar!.

martes 27 de octubre de 2009

Sólo es algo imbécil

Aprovechar los días nublados para pretextar el deplorable estado de ánimo. No obstante, ello se sustituye con los grandiosísimos comentarios hacia la gente diciendo: "qué bonitos son los días nublados". Y ésta, respondería (en la mayoría de los casos): "oh, es cierto, ¡cuánta razón tienes!" Cuando la verdad es que la razón en la primera persona no existe, y sólo piensa en aprovechar el grisáceo escenario para estar desde lo alto de un edificio y arrojarse... Ver a la chica que está paciente desde lo lejos apoyada sobre el barandal que a su vez te observa y piensa en si no o sí hablarte algún día porque simplemente le pareces un fenomenoide, mientras que por el otro lado no aprovechar la presencia de la otra ella, la significante, y constatarle toda su hermosura y personalidad admirable, jugar con su cabello mientras procura tenerlo firme por medio de broches. Recordar, igualmente y por otra parte del inconsciente, a la otra persona que nada dejó, sólo buenos recuerdos que se vieron turbios en el último instante que aún perdura y se transformado como mi Crónica de un instante de manera masoquista. Hacer perdurables los tragos amargos de momentos apenas vistos, permitir la carga incesante de culpas por falta de tiempo ante cosas que habrían de ser importantes, como una calificación o un buen desempeño laboral mostrado apenas agonizante. Recordar a cada momento que soy una imbécil, y que claro no le encontraré la razón a ello. Esto, más bien, se ha vuelto otro enredo sin ningún relevante que mi imbecilismo como ser mutante... Patético.