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jueves, 16 de diciembre de 2010

Zozobra

Aquí estoy de nuevo, titubeante. Veo cómo las personas llevan en las suelas cúmulos de nostalgia. Observo mis zapatos y los encuentro secos, tanteo mis ojos y están como desiertos. A veces quisiera ser lluvia y no pensamientos que se disuelven. No extrañar las ausencias ni presencias constantes, ser número par y no tan discorde. Dejar de decir no y entregarme a los azares. Abandonar la práctica diaria de segregar el alma para compensar la pérdida de alegría encontrada en algún rincón incierto. Si dentro de tal actividad encuentro en mayoría nostalgia, la echo. Tal vez por eso que titubeo al pensar que es por mi culpa que la gente cargue con desdichas, las mías, que vagan pisoteadas por sus caminos cansados. Quizá en determinado momento me quede sin alma y de nada más que hablar ni de ser inconforme. Ahí me ven aprovechando la lluvia de hoy para formar lodo y en él enterrarme.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Esperar

Últimamente el concepto de la soledad ha caído sobre mi espalda duramente. Y es injusto que le deje reposar así porque sí. Llegó como siempre, con su saco café oscuro y bufanda. Al principio era creíble gozar de una soledad casual, a expensas de la gente y olvidando haber estado así hacía tiempo antes. Pero la dejé ser y estar por algunos días, hablarme de su pasado y hacerme recordar el mío, hablarle cómo ha sido desde entonces. Siempre es incómodo querer ofertarle una breve estadía en aquel lugar donde me gusta estar, porque por lo regular me siento bien ahí y se me permite llorar aunque sea poquito. No obstante, me da miedo que me abandone, y no sé porqué. Tal vez porque si me abandonara mi propia soledad, tomaría la decisión equivocada que antes recurría a mí constantemente, cada vez que la soledad se la pensaba. Un mal pensamiento no es buena compañía, y no es que es que sea drogarme o tomar alcohol a morir. Es solo que... hace tiempo que no sucedía cosa tal. Puedo creer en superar el momento, pues sé que vendrán más debido a una razón enorme que no puedo culpar. Porque me gusta esa razón, estoy enamorada de esa razón tan casi doliente. De lo demás siempre habré de preocuparme, o mejor dicho, debo estar adaptándome a ello. Espero a que llegue la razón, antes de que me abandone.

miércoles, 13 de enero de 2010

Transfiguración

Yo escucho los ruidos como de un monstruo, algún ser perdido en la extremidad de sus sentidos. Alcanzo a percibir la esencia que produce su miedo, aquel transmitido hacia los crédulos de su fiereza. Es un pobre desconocido, rechazado cuando se le encuentra en el camino de lo inesperado. No lo conozco, tan sólo lo imagino. Quizá sea yo ese ser que yace en mi cuerpo, o el ser que piensa que mi figura humana sea él mismo. No lo sé, yo sólo escucho los ruidos que la soledad realiza por sí misma mientras tratamos de encontrarnos estando sumergidos en el miedo.